martes, 14 de abril de 2026

La escultura en España durante la segunda mitad del siglo XIX

 La escultura en España durante la segunda mitad del siglo XIX se caracteriza por la transición de los últimos ecos del romanticismo hacia un realismo naturalista y una explosión del monumentalismo público. Durante este periodo, las ciudades españolas se transformaron con grandes estatuas conmemorativas que buscaban exaltar la identidad nacional y los valores de la burguesía en ascenso. 



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Corrientes y evolución
  1. Eclecticismo y Romanticismo tardío: A mediados de siglo, aún persisten formas académicas y románticas que idealizan figuras históricas y militares.
  2. Realismo y Naturalismo: A partir de la década de 1870, los escultores buscan una representación más fiel de la realidad, enfocándose en el detalle anatómico y la expresión psicológica. Destacan obras como el Ángel Caído de Ricardo Bellver (1878), hito del realismo madrileño.
  3. Escultura Pública y Monumental: Es la era de los grandes monumentos en plazas y parques. Se celebran figuras políticas, militares y culturales como el general Espartero o Alfonso XII. 
Autores y obras destacadas
  • Ricardo Bellver: Autor de la emblemática estatua del Ángel Caído en el Parque del Retiro de Madrid.
  • Mariano Benlliure: Aunque su apogeo llega a finales de siglo, comenzó a destacar en esta época con un estilo vibrante y detallista. Es responsable de numerosos monumentos públicos, como el de Alfonso XII.
  • Agustín Querol: Conocido por su estilo monumental y a veces recargado, como se observa en los grupos escultóricos del Ministerio de Agricultura en Madrid.
  • Aniceto Marinas: Escultor segoviano que capturó la esencia del realismo en obras de temática histórica y social.
  • Josep Llimona: En Cataluña, representa la transición hacia el modernismo, aportando un naturalismo con gran carga emotiva y humanista. 
Contexto institucional
El impulso de esta disciplina vino en gran parte de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, donde el Estado adquiría las obras premiadas para nutrir colecciones públicas, como las que hoy conserva el Museo del Prado.

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